VIDA DE PERRO

***En el mediodía del 27 de Abril de 2012, y tal como es habitual en los días Viernes de cada semana, se dieron cita en la Plaza 9 de Julio de nuestra Ciudad Capital, alumnos de distintos establecimientos educativos de la zona centro, que tienen como lugar de reunión ese lugar. En la algarabía acostumbrada de esas horas y en un confuso episodio todavía no esclarecido totalmente, hirieron a un perro con un elemento explosivo causándole graves heridas.

***En forma casi inmediata y entre los trascendidos de que las autoras de esa agresión serían dos jóvenes menores de edad, fueron puestas en distintos portales de la red de noticias, desde el video con el momento mismo en que el desafortunado animal es lesionado, hasta una supuesta primicia de que una Jueza de menores de la Provincia intervendría de oficio, ordenando la detención de las involucradas. También se daban a conocer las numerosas denuncias que harían las asociaciones protectoras de animales, y por medio de las redes sociales se organizó una marcha hacia el Centro Polivalente de Arte al cual teóricamente pertenecerían las agresoras, que recibió -sin tener vinculación ni parte en el hecho- una lluvia de huevos contra las paredes de su frente. La página virtual ultra oficialista www.informatesalta.com.ar tenía a la noche de ese día los cinco primeros títulos en letras mayores que aludían a este tema (“Video del salvaje ataque” – “Escraches al polivalente de arte” – “Operan a Dardo el perro atacado” – “Total indignación por el ataque al perro” – “Alumnos que festejaban en Plaza 9 de Julio destrozaron la cara a un perro callejero”) Los mensajes que se colgaban en ese sistema llegaban a proponer una cadena de oraciones por Dardo, y alguno invocó a su dios y a san Roque para que guiara las manos del médico veterinario que en esos momento operaba al can. Increíble.

***En los últimos diez días también en nuestra Salta murieron de pobreza extrema y abandono tres seres humanos, a los cuales la crónica periodística nos tiene acostumbrados a invisibilizar con la denominación de indigentes. Los mismos portales le dedicaron a ese tema un solo título, y al día siguiente eran olvido. No cabe la menor duda que ver sufrir a un perro por la insensatez inmadura de la adolescencia que deriva en brutalidad injustificable, es muy duro. Mirar el video –que contiene una advertencia de que las imágenes pueden afectar la sensibilidad del observador- realmente causa indignación y lástima por el estado en que quedó el animal en cuestión. Pero a poco que nos detengamos a pensar, y poniendo en la balanza los valores de las vidas en juego de perros y personas, nos surge la inevitable inquietud de que algo está mal.

***¿Por qué la muerte de tres seres humanos excluidos, derivada de la absoluta pobreza y marginalidad genera menos reacción que la lesión ocasional de un perro? ¿Por qué una noticia como esa no genera cinco títulos catástrofe del portal de noticias, sino solamente uno, efímero e incompleto? ¿Por qué no se genera en las redes sociales una marcha al Ministerio de Derechos Humanos o a la Cooperadora Asistencial de la Capital? ¿Por qué no se escracha la vivienda de los funcionarios responsables de las muertes?

***”La desnutrición es un drama latente hoy en Salta” afirmó el gobernador de la Provincia ante las cámaras de TN en el mes de Febrero del corriente año, pero aclarando con cara de qué bien que voy, que anteriormente cuando él tomara el gobierno morían treinta niños por año y ahora se cuentan cinco. Más allá de la absoluta imposibilidad de comprobar que los números que maneja el joven mandatario sean ciertos, asusta ver que el análisis del entrevistado se cierra con la ya famosa frase: “Estos son dramas estructurales, que no tienen que ver con la falta de alimento solamente, sino con cuestiones culturales” La zoncera de creer que si un ser humano no come es porque no tiene la cultura suficiente para hacerlo¡ Increíble que en pleno siglo veintiuno existan dirigentes que digan semejantes boludeces.

***Ante esta realidad de la muerte de inocentes por desnutrición tampoco se produjo reacción alguna, no se formaron cadenas de rezos, no se escrachó a nadie, y la prensa oral y escrita termina tratando el evento casi como una consecuencia climática, y no se usaron las redes sociales para que ninguna Jueza contagiada de cholulismo intervenga de oficio para ver quién es el responsable de esta estadística macabra cuya prolija cuenta lleva el gobernador. Nada de eso, parece que estamos más acostumbrados a esperar las muertes de indigentes o menores de edad que conviven con nuestra indiferencia culpable, que a conocer la ocasional lesión de una mascota.

***Este panorama social aparece como desolador. Instalados en sus cómodas viviendas dotadas de internet los jóvenes de nuestra Ciudad ignoran o quieren ignorar la realidad que excluye y mata, pero están prestos para integrarse a una cruzada insulsa que genera lástima y condolencias por el dolor de Dardo. No hay un solo adolescente que ignore quién es Dardo, pero ninguno de ellos recuerda siquiera de qué barrio de Salta eran los indigentes muertos la semana antes, o de qué departamento eran los menores fallecidos por desnutrición. Se pregona que las redes sociales sirven para comunicarse y difundir conocimientos. Algunos pensamos en cambio que esa práctica termina aislando a las personas, y que termina banalizando las relaciones interpersonales. A menos que terminemos aceptando la absurda pretensión de que alguien tenga amigos, en el sentido correcto de la palabra, a personas enlistadas en su página que nunca ha visto ni llegará a ver.

***Nuestra indiferencia es la que finalmente mata a los que el perverso sistema que sostenemos no llega a contener. Y el sistema así diseñado, vacío de humanismo real, nos va acostumbrando a que el éxito económico o el progreso material valgan más que los inevitables resultados de que se pierdan vidas de los que no alcanzan a entrar. A veces cuando pensamos que en nuestro transitar las cosas nos van mal, solemos decir que tenemos una vida de perro, aunque tal vez sería mejor para aludir al desamparo o a la pena, mencionar una vida de indigente o de desnutrido. Me viene a la memoria –cada tanto se produce un milagro como éste- una situación de mi infancia, cuando en una confitería en la que compartíamos un momento familiar, una señora muy elegante daba de comer parte de su menú a un perrito pequinés sentado a la misma mesa como si fuera una persona, cuando un indigente se acercó a pedir limosnas y ante la negativa de la insensible mujer, se dio vuelta para mirarnos, y expresó: “Vea Usted, a mi me hubiera convenido nacer perro”

Daniel Tort.

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