Pacto Republicano: ¿Nueva Unión Democrática?

***Parece que el popular refrán de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, para simbolizar de alguna manera la necedad de cometer una y otra vez el mismo error, nunca perderá vigencia. En la política Argentina, los tropiezos se cuentan por mucho más que un par de oportunidades, y cuando ese error además, está teñido de ambiciones, en el juego sin límites de las bajezas de la lucha por el poder, los actores se convierten o se muestran en patéticas facetas. Conocemos hoy que el ya lanzado candidato presidencial para el 2011, Eduardo Duhalde, en conjunto con Rodríguez Saa, Lole Reuteman, Felipe Sola, Das Neves, De Narvaez, Juan Carlos Romero,  y hasta gente peor, del llamado peronismo disidente, comenzaron a tejer una red de entendimiento con otros sectores de la política nacional, y en ese alocado tren de apetencias se reúnen con Cobos, con Alfonsín, y con Macri, para delinear qué políticas de Estado llevarán adelante cuando sean gobierno después de las próximas elecciones.

Descuentan que será, invariablemente alguno de ellos. En esta afirmación casi temeraria, hay que destacar dos aspectos de importancia: el primero que no es bueno contar las vacas antes de la parición, por usar otro refrán criollo; y el segundo es que le llamen como le llamen (“pacto republicano” dicen unos, “eje de entendimientos” dicen otros), ese acuerdo tiene una cara de Unión Democrática que voltea¡¡ Para que no queden dudas, uno de los voceros principales del engendro, se encargó de aclarar –como si hubiera sido necesario- que no contarán con el oficialismo. Obvio, que entre tanta acumulación de genes pan troglodytes, los partidos de la izquierda ni siquiera tuvieron que ser avisados, pues no los consideran con posibilidades de ganar las próximas elecciones, y por lo tanto decidieron que no tienen nada que acordar  con ellos. Después se llenan la boca en cada acto proselitista hablando del respeto a las minorías, previo haberlas excluido de todos y cada uno de sus proyectos, excepto el cómodo y conveniente aspecto de tener una oposición reducida en número, que les sirva para reforzar el argumento de que el que gana gobierna y los demás apoyan. Eufemismo que encubre, que el que gana gobierna, y los demás se callan.

Agruparse tragando escuerzos unos contra otros, con el sólo objetivo de ganarle al oficialismo, es la mejor herramienta para no ganarle, porque cuando toda la derecha agiornada, sabedora de sus limitaciones, empieza a gestar acuerdos con quienes no tienen ninguna otra cosa en común que la falta de vergüenza, el común del pueblo que es ajeno a toda esa maraña, y que no intelectualiza tanto las cosas, a puro instinto, se va para el otro lado. Es un mecanismo de defensa clásico; no se enseña, pero invariablemente se conoce.

Otro tema será cómo explicarle a los afiliados de cada partido, los radicales por ejemplo, cómo es que Alfonsín y Cobos tiran en yunta en esta pulseada, para cenar con los Macri o los De Naravez, mientras la inefable Carrió mira de reojo, sin oponerse abiertamente para no quedarse afuera, y mientras del Acuerdo Cívico y Social no se habla una sola palabra. Después de todo, esa es “gente como uno”, con quienes tenemos muchas cosas en común, como saludarnos todos los fines de semana largos en los restaurantes de Punta del Este.

En el año 2011 seguramente no habrá un Braden, -aunque a muchos les encantaría el papel- ni tampoco el oficialismo cuenta con un Perón –ni muchísmo menos- pero la secuencia histórica es  casi idéntica. A pesar de todas las carencias, con  las limitaciones y la brutal corrupción de la actual gestión, el pueblo que trabaja y paga impuestos, sabe sin dudar, aunque las nuevas generaciones no conozcan a Aldo Camarotta ni tengan la menor idea de la Revista Dislocada, que “debe ser los gorilas, deben ser”(*)

(*) La Revista Dislocada se transmitía por radio dos veces por semana, con una gran audiencia con libretos de Délfor Dicásolo y Aldo Cammarota (1930-2002) y “cuando los rumores arreciaban y se controlaba cada gesto, cada movimiento, tuvo un hallazgo: lanzó la palabra ‘gorila’, que se incorporó para siempre, aquí y en el extranjero, como sinónimo de hombre político, militar o civil, conspirador y reaccionario. Una y cien veces Délfor tuvo que explicar que todo había sido una casualidad sin intención política. En ese momento se había estrenado la película Mogambo, con Clark Gable y Ava Gardner, que transcurría en la selva. Como el filme había tenido mucha repercusión, en la audición lo parodiaron. El público creyó escuchar en lo que decía uno de los personajes de La dislocada (“Deben ser lo’ gorila’, deben ser”) una alusión a lo que por entonces circulaba con sigilo: un movimiento subterráneo de tropas para derrocar a Perón”.

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