LOS MIEDOS DEL SEÑOR MINISTRO

Por Daniel Tort

***Durante los años 1994 y 2001 Rudolph William Louis Giuliani III, más conocido simplemente como Rudy Giuliani,  saltó a la fama como alcalde de la ciudad de Nueva York, al instaurar un programa de lucha contra el crimen denominado “Campaña Para la Calidad de la Vida”, que rápidamente fue rebautizado como “Tolerancia Cero”. Desde entonces, numerosos émulos del controvertido funcionario han salido a repetir la misma cantinela, algunos con más suerte que otros, y todos invariablemente para promocionarse políticamente como estrategas de avanzada. El último en hacerlo, con una ausencia total de originalidad y más de veinticinco años después, es el Ministro de Gobierno, Seguridad y Derechos Humanos de Salta, el diplomado como abogado, Pablo Kosiner.

***A este funcionario ex romerista, es oportuno hacerle conocer que el plan que ahora parece copiar con mucha tardanza, no fue de ninguna manera una medida respetuosa de los derechos y garantías  civiles de la comunidad, y es bueno que recuerde que él mismo tiene la responsabilidad –increíblemente-  de ambas áreas, tanto la de seguridad como la de Derechos Humanos, aunque en ésta última, no se le conoce actividad alguna. Sólo como un ejemplo sintético de lo ocurrido en aquélla ciudad de los Estados Unidos, cabe mencionar que en realidad ese plan fue una puesta en marcha de un sistema represor penal policial, que fue rápidamente dirigido a criminalizar la pobreza, exacerbando los prejuicios raciales y amparando el uso y abuso excesivo de la fuerza policial. Por esos años se consumó salvajemente la tortura de un inmigrante haitiano de treinta años de edad, que trabajaba como guardia de seguridad y era casado y padre de familia, llamado Abner Louima en el cuartel de policía de Brooklin durante el año 1997;  como así también el fusilamiento a sangre fría de otro inmigrante africano Amadou Diallo, consumado en el año 1999. Un informe de la Agencia de Justicia Criminal de la Ciudad de Nueva York del año 2003, reveló que el 78% del total de personas detenidas fueron negros y latinos, y que en el año 2004 ese porcentaje aumentó hasta el 81%. Como se aprecia, el plancito del tal Rudy estuvo muy lejos de ser un ejemplo a copiar, y  solamente ha sido elogiado en la prensa capitalista, por las elites gobernantes y las familias  ricas de Manhattan, que ya no tuvieron que tolerar a negros y latinos lavando vidrios en los semáforos, y se libraron de los molestos vendedores ambulantes que afeaban las muy paquetísimas vidrieras  de la Quinta Avenida

***Pero también es conveniente hacerle conocer al eterno funcionario, que la fase primera de ese plan del alcalde de Nueva York, fue la descentralización de los estamentos policiales, una reducción drástica de la burocracia, y un ataque frontal a la corrupción institucionalizada que  existía entonces, en un operativo de limpieza que estuvo a cargo de una comisión especial, presidida por un ex juez de distrito, llamado Milton Mollen,  famoso por su inflexibilidad. (Mollen Comission) Por lo tanto, sería conveniente, ya que el titulado ministro se apresta a copiar, que copie bien, y empiece por descabezar  los nichos de corrupción policial en Salta; descentralizar las áreas operativas para aumentar eficiencia, y dotar a la fuerza de transparencia y honestidad. Una vez cumplido ese objetivo, empezando la reforma por casa, recién se tendrá autoridad moral e institucional para salir a exigir a la sociedad un comportamiento distinto. La misma recomendación le cabe al ex Juez de Instrucción, ex Procurador General de la Provincia y actual Secretario de Seguridad, Aldo Rogelio Saravia.

***Pero aún cuando se hiciera la tan demorada purga policial, y se contara con una eficiente estructura para avanzar con el proyecto, para que éste tenga éxito y no se convierta solamente en una caza de brujas de los sectores más desprotegidos de la sociedad, el polifuncionario deberá  definir claramente sus objetivos, y sobre todo, despejar sus miedos. Nos referimos a la ostensible preocupación que ha demostrado el converso ministro, en los episodios repetidos del norte de Salta, la represión descontrolada de los movimientos de desocupados, y el arribo del movimiento Tupac Amaru a nuestra Provincia, de la mano de la controvertida dirigente Milagro Sala. En este caso puntual, el susto que se llevó el ministro Kosiner, ha resultado inocultable. Tanto le atemoriza a la elite gobernante que un movimiento de base logre objetivos que ellos en su ineficiencia, burocracia y corrupción no llegan a concretar ni siquiera cercanamente, que por medio de este ministro, han dado un mensaje claro y contundente, afirmando textualmente: “Yo creo que por allí hay algunas organizaciones que pretenden ser más que el mismo estado, señaló el Ministro al agregar que lo que se pretende para Salta es un modelo de convivencia social en el que se respeten todos los derechos y donde ningún sector sea superior o vulnere a la mayoría del conjunto” (fuente: El Intransigente.com; Martes 14 de Septiembre de 2010).

***Lo que el funcionario devenido repentinamente en Urtubyeicista ha afirmado, revela claramente el mismo pensamiento mediocre de toda la clase  política parasitaria, que vive del asistencialismo obsceno: que las organizaciones sociales dependan de lo que nosotros les demos, está bien;  ahora, que quieran y logren ser autosuficientes, tener organización propia y no depender mas de nosotros, nunca¡  ¡Cómo se atreven a querer ser más que el Estado!

***Dejando de lado que el ministro  confunde abiertamente los conceptos de Estado y Gobierno, ya que es impensable que una organización pueda suplir un estado, inevitablemente Kosiner se ha referido al gobierno, o sea a ellos, y el temor que les genera el hecho probable, que de prosperar y multiplicarse estos ejemplos de organización de marginados y desocupados, se ponga en evidencia que es más eficiente asignar recursos de la Nación en forma directa a esos movimientos, en vez de intermediarlos con los gobiernos provinciales, que entre licitaciones, retornos y ganancias de las empresas constructoras, se revelan como mucho menos convenientes. En síntesis, que haya pobres y que nos reclamen  desde su pobreza, al fin y al cabo termina justificando  nuestra función. En cambio si en vez de pedirnos a nosotros, los políticos tradicionales de las estructuras liberales, logran transformar sus ruegos en exigencias, y obtienen resultados, y se les giran partidas de dinero, y encima administran bien esos recursos,  y construyen barrios enteros, tienen fábricas  propias, sistemas de salud, centros recreativos y hospitales, más temprano que tarde la sociedad entera se dará cuenta que el estamento  político tradicional ha cumplido su ciclo, y que se lo puede suprimir sin costo alguno. Es más,  se lo haría ahorrando una buena cantidad del presupuesto que se pierde en cargos inventados, para sostener una plétora de especialistas en generalidades, que dan el perfil para auto legitimarse como funcionarios aptos para todo servicio, en cualquier gobierno, y cualquier tiempo. Al fin y al cabo,  dirán por lo bajo, qué culpa tengo yo que siempre fui oficialista, de que periódicamente cambien los gobiernos. Y encima, que me vengan a molestar estos movimientos sociales organizados. No señor, nada de eso. Nuestra respuesta será la Tolerancia Cero, para que no pretendan ser más que nosotros.

***Queda pues mucho por hacer. Empezando por la sencilla tarea de que el ministro Kosiner repase la obra clásica “Teoría del Estado” de Herman Heller, para poder diferenciar las nociones de Estado  y Gobierno, hasta la depuración de las cúpulas policiales, la profesionalización de  sus cuadros,  y el verdadero respeto a los Derechos Humanos. Sólo así podrá superarse la etapa del autoritarismo, y la prepotencia gubernamental, que no tolera organizaciones que puedan competirle de igual a igual. De otro modo, seguiremos en un pantano insalvable, donde el sistema actual seguirá expulsando ciudadanos de su estructura, dejándolos sin derechos siquiera elementales, y ante la queja organizada de esos marginados, para poder gozar de esos derechos, aparezcan sujetos como el ministro Kosiner, a imponerles la tolerancia cero, o alguna pavada aún mayor.

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